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Maca, un restaurante y un hasta pronto…

Hace tiempo que no escribo y todo es por una razón “El restaurante Casa Lucar”. Podréis adivinar qué tal nombre se debe al acrónimo de Luís y Carmen, los dueños del mismo y padres de Juan, el amigo de Roberto que nos dio la oportunidad de venir a Segovia y contar con un trabajo, algo muy complicado en los tiempos que corren.

Llevamos instalados en nuestro nidito de amor un mes y todo marcha ¡viento en popa y a toda vela!. Conocer mejor a Roberto ha sido un regalo, atrás quedaron su ex mujer y su trabajo como striper, ahora solo me dedica bailes sexys a mí.

El tema “Javier” también ha sido resuelto, me llamó hace un par de semanas porque necesitaba desahogarse y lo hizo tan a gusto que se me declaró, no con intención de que dejara a Roberto por él, pero sí para decirme que aquella noche en la que llevaba encima unas copitas de más, no me dijo ninguna mentira, se estaba enamorando de mí. Ahora está viéndose con una chica que conoció a través de no sé qué red social y parece que está feliz.

Mi amiga Cinthia, es un caso aparte. Después de darle nuestra nueva dirección como diez veces, llegó al buzón de nuestra vecina Rosita la invitación de su boda. Se casaba con Javier en Septiembre de este mismo año ¡todo rapidito! Y lo harían en Ibiza, una ilusión que tenían los dos y más gasto para todos los invitados ays…

Mi hermana al final ha vuelto con el marido, dice que se ha dado cuenta de que se necesitan y no pueden vivir el uno sin el otro, que es lo mejor que le ha pasado en la vida y bla bla bla, cuando se pone así de moñas desconecto por momentos hasta que vuelve a ser una persona adulta.

Por lo demás todos están bien, en la tienda de Valencia siguen mis compis. Nerea me llama cada semana y me cuenta todos los cotilleos de la trastienda, que si la jefa se ha liado con uno de los encargados de la tienda, que si Pascual creen que va detrás del nuevo dependiente… ¡todo lo que no pasaba cuando yo estaba allí, pasa ahora!. Mis padres se hacen mayores y en breve vendrán a visitarnos, aprovechan en veranito para hacer una escapada y ver a su hija a la que, dicen, echan de menos. Mi madre me cuenta que no gana para disgustos con mi hermana, que si ahora ha vuelto con el marido, que si se van de viaje romántico este verano y le dejan a los niños… Así es mi hermanita, hace lo que siente y ahora no la vamos a cambiar.

Con todo esto ya os he puesto más o menos al día de lo que está siendo nuestra estancia en Segovia, solo me falta contaros que al restaurante le faltan días para reabrir sus puertas convertido en un mesón lleno de encanto. Carmen fue la encargada de contarnos la historia del lugar. Pasó de ser un bar regentado por sus abuelos donde los hombres se sentaban en la barra esperando una copa de vino a un restaurante en el que sus padres trabajaban día y noche para sacar adelante a ella y a sus cinco hermanos.

Las dos nos hemos encargado de la decoración mientras que Luís y Roberto han arreglado luces, cableados, pintura… parecían padre e hijo y es que hemos hecho tan buenas migas con ellos que son parte de nuestra familia.

Llevar la publicidad del restaurante ha sido genial, aunque muy duro. No hemos parado ni un momento para que toda Segovia se enterara que el “Restaurante casa Lucar” llegaba pisando fuerte y con aires renovados.
Ahora os escribo desde la tranquilidad, en un rinconcito que tenemos en el salón de la casa, donde hemos instalado un pequeño sillón junto a una lámpara de pie, perfecto para leer o descansar. En pocos días, como os he comentado, abrimos y aunque ya están contratados los nuevos camareros, servicio de limpieza y demás Roberto y yo nos encargaremos del turno de noche para que Carmen y Luís tengan su merecido descanso.

El verano se nos plantea ajetreado pero tenemos ganas de embarcarnos en esta nueva aventura. Por cierto os escribo y parece que todo sea idílico ¡más me gustaría a mí! Con Roberto ha habido discusiones, los primeros días fue un caos el tema del restaurante ¡nadie nos poníamos de acuerdo!, estar lejos de mi familia está siendo lo más duro…. Pero ¿para qué os voy a contar lo malo? Yo me quedo con lo bueno, con las cosas bonitas y sí hay días malos pero también los hay mejores, de todos ellos aprendemos y con eso nos tenemos que quedar.
Espero que disfrutéis mucho del verano, yo volveré con el blog en septiembre, ya que como veis no tengo tiempo ni de escribir. Disfrutad mucho, pasároslo genial y espero que cuando nos volvamos a escribir sigáis leyéndome como lo habéis hecho hasta ahora.

 

Gracias y besotes!

                       Maca

 

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Maca, Segovia y nueva vida…

Hola Bonit@s! ¿Qué tal estáis? aquí por tierras valencianas hace mucho calor, vamos que es mejor quedarse en casita que salir a la calle. El verano se ha adelantado y ya apetece playa, piscina y relax ¿A qué si? Bueno el caso es que ya queda poco para eso y estoy segura de que algunos vosotros ya estaréis disfrutando de las vacaciones !ay pillines!. Pero a lo que vamos, os dejo con más novedades y cositas que contaros, hoy cambiamos de ciudad, de amigos, de vida…. espero que os guste.

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Finalmente no me instalé en Mallorca, no porque no cogiera un vuelo y no me plantara allí sino porque el destino de Roberto había cambiado, así que nada más llegar a la isla recibí la noticia de que nos íbamos a Segovia ¡Con lo bonita que es la ciudad!. Hace un par de años estuve allí veraneando y me encantó, me puse tan contenta que Roberto quedó perplejo ante tantas muestras de efusividad. – Si llego a saber que te va a hacer feliz nos vamos antes, me decía entre risas. No podía dejar de besarlo y abrazarlo. – Maca, Maca, venga que nos vamos en diez minutos, me dijo mientras me apartaba. – Anda deja que te achuche un poquito más, tenía ganas de verte,  la dije con voz tontorrona y mirándole a los ojos. – Venga me dejo, pero un poquito ¿eh? Que en cuanto nos instalemos te voz a abrazar hasta que me canse.

El cambio de la isla a la ciudad se debía a su amigo Juan, un tipo encantador al que pude conocer durante los últimos cinco minutos de mi estancia en Mallorca. Los padres de Juan regentaban un restaurante en Segovia y necesitan reflotarlo. Buscaban gente joven, con ganas y con aptitudes suficientes para poder llevar a cabo una reorganización del local. Necesitaban empezar de cero y Juan les habló de los candidatos perfectos. Sí CANDIDATOS lo habéis leído bien, yo era la segunda ayudante y es que al enterarse de mi profesión periodística, me designaron el papel de publicista,  que no se me daba nada mal.

Encantada con la que iba a ser mi nueva vida, nos instalamos a medio día en nuestra nueva casa. Era pequeña pero muy mona. Decorada por la señora Carmen, la madre de Juan e iluminada por Luís, su padre.  Estaba situada en el casco antiguo, concretamente en la calle Daoíz. Cerquita teníamos el Alcázar que se divisaba desde nuestra pequeña terraza.- Roberto esto es precioso, le dije entusiasmada. – Me alegro mucho de que te guste, de verdad preciosa. – Por cierto ¿me dejas que llamé un momentín a la tienda? Todavía no saben que no voy a volver ¿Por qué no quieres que me vaya verdad?.- ¡Claro que no!, quiero que te quedes conmigo y nos conozcamos mucho mejor.

Cuando Nerea se enteró de que no volvería en una temporada por allí, llamó corriendo a Javier y a Pascual.- Maca, habla que te he puesto el manos libres, estamos todos aquí.- Hola chicos ¿Qué tal?.- Muy bien bonita ¿y tú? Dijo Pascual. – Genial, estoy en Segovia. – ¿En Segovia? Pero… no vienes..- Hola Javier! No ¿te acuerdas de los que hablamos? Al final he tomado una decisión y, por el momento, me quedo aquí con Roberto. – Nos alegramos mucho guapa, dijo Nadia. Después de hablar con ellos me pasaron a la Jefa, me daba un poco de miedo contarle semejante locura pero me enfrenté a ello y después de llevarme un rapapolvo del quince, por no avisar con tiempo, me dijo que ella hubiera hecho lo mismo ¡era tan mona!.

Mientras yo hablaba, Roberto me miraba desde la puerta, nos teníamos que ir y era hora de despedirse. Tras muchos besos, abrazos telefónicos y promesas de vernos pronto colgué el teléfono. – Anda muchachita que nos tenemos que ir al restaurante.  Al abrir la puerta del rellano nos encontramos con la señora Rosa, una mujer de unos setenta años, chiquitina de pelo blanco y ojos marrones saltones. Iba con el delantal de cocina puesto y se presentó ante los nuevos inquilinos, es decir, nosotros. – Hola jóvenes, buenas tardes. Perdonad que salga de esta guisa pero es que estaba preparando un bizcocho para vosotros. – Muchas Gracias, señora….mmm…., Roberto no sabía por dónde salir hasta que ella dijo – Señora Rosa pero para vosotros Rosita, que queda más juvenil. Empezamos a reírnos ante la atenta mirada de aquella señora menuda.

Le dijimos que pasaríamos a por el bizcocho después de visitar el restaurante en el que íbamos a trabajar. – Ah, sí algo me han contado Carmen y Luís. Pues que os vaya muy bien chicos, luego nos vemos. Paseamos tranquilamente por las calles de Segovia hasta llegar al restaurante que se encontraba al lado del acueducto, no recordaba lo impresionante que era estar allí, frente a semejante construcción.

Nada más llegar conocimos a Luís y a Carmen, dueños del local y de nuestro bonito piso. – Hola chicos, vosotros debéis de ser Roberto y Maca.- Así es, encantados de conocerlos. – Igualmente, dijo Carmen – pero por favor no nos llaméis de usted. – De acuerdo señora, digo Carmen le dije. Pasar y os voy enseñando el restaurante, mañana si os parece os contaré su historia para que conozcáis su esencia.

Después de dos horas de visita, charlas, cafés y cena incluida nos fuimos a casa. Estábamos quitándonos la ropa cuando llamaron al timbre.- ¡Vaya Roberto! Debe de ser la señora Rosita.- ¡El bizcocho! Dije tapándome la boda con las manos. – Abrió él la puerta sin camiseta y la pobre mujer quedó estupefacta. – Ay, perdonen si quieren vengo en otro momento, perdonen, perdonen. – Rosita no se preocupe, solo nos estábamos cambiando, llegamos ahora del restaurante. – Bueno, solo quería dejaros el bizcocho, espero que os guste.- Muchas gracias Rosita, mañana nos vemos.

Al cerrar la puerta vino derechito a la habitación y allí entre risas por lo sucedido con Rosita y las ganas que nos teníamos el uno al otro hicimos el amor.

 

        Besotes

                Maca

 

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Maca, una decisión y una familia

Hola Bonit@s! ¿Qué tal ha ido la semana? La mía sin parar, perdonadme por no poder escribir dos entradas semanales pero es que no he tenido tiempo. Hoy os traigo un poquito más de mi vida, de mi historia y espero, como cada semana, que disfrutéis leyendo tanto como yo escribiendo….

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La semana pasó volando y cuando me quise dar cuenta estaba en mi habitación preparando la maleta para pasar el fin de semana en Mallorca con Roberto. Todavía no tenía claro si mudarme a la isla con él era lo que quería, las dudas me asaltaban cada dos por tres y necesitaba respuestas, pero nadie me las daba. Mi hermana me decía que ni loca dejara mi trabajo por irme con un tío, Nadia me aconsejaba que viviera la vida y fuera feliz, Javier que hiciera lo que yo creyese oportuno y mi madre….¿Qué me diría mi madre?.

Terminé de hacerme la maleta pronto así que aproveché la mañana para visitar a mis padres y despedirme de ellos. El vuelo salía por la tarde por lo que comer en su casa antes de irme era una opción que me entusiasmaba. Nada más llegar me recibió mi madre con dos besos que me dejaron seca, entre sus manos llevaba una bandeja con un bizcocho que olía a gloria. – Pasa hija, pasa. Es que estoy preparando el postres ¡te van a encantar! Me dijo con ojos saltones y alegres.

Entrar en mi casa era volver a la infancia, a los juegos con mi hermana, a las peleas con mis padres, a la cocina de mamá y a las partidas de cartas con mi padre. Cada rincón escondía una historia. Recuerdo las primeras navidades en las que mi hermana y yo buscábamos por toda la casa los regalos, escaleras arriba, escaleras abajo, era como si nos fuera la vida en ello. Nunca olvidaré la ilusión en la cara de Vanessa ni en la de mis padres, como tampoco olvidaré el momento en el que cada una de nosotras emprendió su propio camino.

Después de unos instantes de nostalgia acompañé a mi madre a la cocina, era nuestro lugar favorito para ponernos al día. – A ver señorita, cuénteme que le pasa que se lo noto en los ojos. Nos sentamos en la mesa y le conté toda la historia. Después de digerir todo lo que había oído habló. – Mira preciosa en la vida hay que arriesgar e ir a por todas, si es lo que tu corazón te dice. Si la relación con Roberto funciona, genial y sino no te preocupes será una experiencia más para tu mochila de la vida. Pero Maca las oportunidades llegan y si las dejamos pasar, es probable, que no vuelvan. – Ya mamá pero.- Maca, el trabajo que tienes no es el que tú querías y Roberto puede conseguirte algo mejor.

Las horas hablando con mi madre parecían minutos, cuando nos quisimos dar cuenta era la hora de comer y yo en breve salía de viaje. Mi padre entró a la cocina.- Chicas no os quería molestar pero mirad que horas son.- Ya, ya vamos, ¡este hombre sin comer no puede estar! dijo mi madre mientras se dirigía hacia el horno.- Maca, sin querer os he estado escuchando detrás de la puerta.- ¡Papá! Le dije con una sonrisa, me sentía tan nostálgica que no podía enfadarme con él. – Si te vale mi opinión te diré que si lo quieres ve con él, disfruta de la vida, vívela, no vas a perder nada.

Hacía años que no hablaba de estos temas con mis padres pero sabía que sus consejos eran los buenos. Llevaban toda la vida juntos y habían pasado por sus más y sus menos pero ahí estaban. – Mira hija, cuando conocí a tu madre, ella tenía muchas dudas. Sí, nos gustábamos pero no tenía claro lo que quería hasta que un día le dije que no la podía esperar más, tenía que hacer mi vida y en ese momento se dio cuenta de lo que perdía, así que si lo que tú quieres es estar con Roberto, no lo pierdas. – Gracias, sois geniales, les dije mientras los abrazaba.

Después de comer llegó la loca de mi hermana y estuvimos los cuatro charlando como en los viejos tiempos, con la diferencia de que en vez de hablar de deberes y novietes ahora el tema era una separación y una futura pareja. Cuando nos despedimos me dijeron que disfrutara del viaje y que nos veríamos en unos días, meses o cuando yo quisiera.

Me fui a casa feliz y contenta dispuesta a tomar una decisión. Me tumbé en el sofá, me puse música relajante y pensé…. Pensé en todo lo que dejaría aquí, pensé en todo lo que podría vivir con Roberto, en todo lo que me esperaba tanto si me quedaba como su me iba y finalmente me decidí.

 Besotes
                              Maca

 

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Maca, una boda y un traslado…

Hola Bonitos ¿Qué tal estáis? seguro que genial porque ya es viernes y eso !nos encanta!. Yo he estado un poco desconectada esta semana porque no he parado, pero hoy que tenía un ratito me he puesto manos a la obra para contaros muchas cositas. !Espero que disfrutéis mucho leyendo!.

Después de la declaración de Javier y lo que había oído de boca de Nadia me fue imposible dormir. La idea de que Javier me quería me rondaba la cabeza y estaba dispuesta a quedarse en ella durante horas y horas. ¿Por qué Nadia le había dicho que ahora no era el momento de decírmelo? ¿Qué sabía ella que no me había contado? Tenía la sensación de que en la tienda todos sabían algo que yo desconocía y eso no me gustaba nada. Pensé en llamar a Nadia para pedirle explicaciones pero eran las cuatro de la mañana y no era el mejor momento, así que me dormí con la idea de llamarla nada más levantarme.

A las diez de la mañana sonó el timbre como unas quince veces hasta que me desperté. ¿Quién coño será a estas horas?, después de la nochecita que había pasado solo quería dormir a pierna suelta en mi enorme cama, pero alguien había decidido fastidiar mi magnífico plan. Abrí la puerta en pijama y sin mirar antes quien era.- Hola Maca, buenos días, dijo un cabizbajo Javier. – ¿Puedo pasar?. – Claro, pasa y siéntate.- Necesitaba hablar contigo, llevo toda la noche dándole vueltas a lo que pasó ayer y creo que te debo una explicación.- Javier, no te preocupes ibas un poco contentillo, bueno más de lo normal, dije entre risas.

Javier estaba avergonzado por lo que había sucedido y estaba dispuesto a pedirme disculpas y a confesarme un secreto que me dejaría perpleja. – Mira Maca, lo de ayer fue una tontería, no sabía ni lo que decía y sí ¡claro que te quiero! Pero como amiga.- Javier no necesito explicaciones, de verdad…- Pero yo te las quiero dar, además tengo que decirte algo muy importante.- Dime. – Creo que me estoy enamorando de Vanessa. Mis ojos no cayeron al suelo de milagro, los abrí tanto que temí por su vida ¿Qué estaba enamorado de Vanessa? ¿Entonces lo de anoche? ¡No entiendo nada!.

Mi cabeza iba a estallar con tanta pregunta, empezaba a no comprender nada y encima me acababa de enterar que bebía los vientos por mi señora hermana. – ¿No vas a decir nada?.- ¡Claro, enhorabuena! Dije con una con torpeza.- Hay más Maca. – ¿Más?. Cogí un cojín del sofá, lo apreté contra mi pecho a modo de escudo de protección y le dije.- Venga, estoy preparada.- Tu hermana va a volver con su marido.- ¿Cómo?.- que van a…- Si sí, te he oído perfectamente. ¿Por qué me enteraba de todo la última? ¿Por qué ya no me contaban nada? ¿Qué estaba pasando?. – ¿Y ahora qué vas a hacer?.- Pues nada, seguir con mi vida. – ¿Pero ella lo sabe?.- No, no le he dicho nada.- Mejor, si ha decidido volver con su marido tu calladito.

En ese momento sonó el teléfono ¡Era Cinthia! ¡Qué oportuna ella siempre!. – Disculpa Javier. – Hola Bonita ¿Cómo?, no te oigo bien ¿Qué abra la qué? Noté como Javier me daba un toquecito en el brazo y me señalaba la puerta.- Creo que tu amiga está ahí en el rellano. Me fui corriendo y ¡tachan! Allí estaba ella, tan guapa como siempre. – ¡Qué ganas tenía de verte Maca! Tengo que contarte tantas cosas.- Hola Javier ¿Qué tal? Le decía mientras se daban dos besos.- Muy bien, aquí hablando con tu amiga, pero ya me iba así os dejo solas. – Vale, dijo Cinthia. – Tía no seas tan grosera, le dije entre risas.- Por mí no os preocupéis ¿eh? Dijo Javier también riéndose. – Maca nos vemos esta tarde.- Perfecto Javier.

Aún no había cerrado del todo la puerta cuando Cinthia soltó la bomba que no podía aguantar más.- ¡Me caso!, dijo con la cara radiante de felicidad.- ¿Cómo?.- ¡Qué me caso Maca, me caso! Javier me ha pedido matrimonio. – Enhorabuena preciosa, no llores boba que me pongo a llorar yo también. – Es que estoy tan contenta Maca, que aún no me lo creo, me dijo mientras me abrazaba. ¿Qué estaba pasando? El amor estaba en el aire, Javier con Vanessa, Cinthia con su boda y mi chico en otra ciudad mientras yo estaba aquí sola ays…. – Bueno y ¿Cuándo te casas?.- Pues dentro de dos meses.- ¿Tan pronto?. – Sí, Javier lo ha preparado todo, sabía que le iba a decir que sí y ya tenemos sitio, fecha, lugar del banquete ¿A qué es genial?. La felicidad la desbordaba y eso hacía que yo me sintiera estupendamente genial a su lado. – Vamos a celebrarlo, te invito a comer en un restaurante que me encanta, le dije. – Perfecto!.

Mientras me ponía mona para irnos a comer llamaron al teléfono.- ¿Sí?.- Hola preciosa.- ¡Roberto! Qué ganas tenía de oírte ¿Cómo estás? ¿Qué tal el trabajo? ¿Cómo va todo?. Al otro lado del teléfono solo oía su risa y me la imaginé tan perfecta y seductora que por poco no me puse a llorar como una niña pequeña. – Oye que me vas a hacer llorar tonto, le dije con voz ñoña.- No me llores pequeña, venga que en breve nos vemos.- ¿Sí?.- Quiero que te vengas a Mallorca Maca, me han contratado para dos semanas más. ¿Quéeeeeee?., pero yo no puedo dejar mi trabajo Roberto. – Sí que puedes, con lo que yo estoy ganando aquí tenemos para los dos y además tengo un amiguete que te puede buscar a ti también algo, venga piénsatelo y vente conmigo. – Lo meditaré, dije con voz tristona.

La comida con Cinthia fue genial y la tarde la pasé, en el trabajo, hablando con Nadia de lo sucedido la noche anterior con Javier. Cuando llegué a mi casa sobre las diez me quité los zapatos, me puse el pijama y me metí en la cama, solo tenía ganas de pensar en todo lo que había dado de sí el día y en si mudarme a Mallorca con Roberto era la mejor opción. Estaba empezando a quererlo, a quererlo mucho pero no estaba segura de dar un paso tan grande.

Besotes

Maca

 

 

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Maca, un viaje y una borrachera

Hola bonit@s! por fin tengo un ratito para sentarme y contaros cositas. La verdad es que estos días que he estado fuera me han venido genial, así que ahora con las pilas recargadas al máximo os voy a seguir contando la historia por donde me quedé, aunque os haré un resumen… bueno es mejor que vayáis leyendo.

Los días pasaron tan rápido que cuando me quise dar cuenta Roberto estaba en mi habitación preparándose la maleta para viajar rumbo a Mallorca. Se había instalado los últimos días, antes de irse, en mi casa. Dormíamos juntos, desayunábamos juntos incluso nos lavábamos los dientes juntos, habían sido unos días perfectos, sin discusiones, sin hablar de nadie más que no fuéramos él y yo y eso hacía que yo me sintiera segura.

Mientras ordenaba su ropa dentro de la maleta, me acerqué a él por detrás. Llevaba unos vaqueros muy ajustados y una camisa lila que resaltaba lo guapo que era. Lo abracé como si fuera el último abrazo que le iba a dar en mucho tiempo. Se giró, me cogió por la cintura y mirándome a los ojos me dijo- Eh ¿Qué le pasa a mi señorita?.- Qué te voy a echar mucho de menos, le dije con voz ñona. – Y yo a ti preciosa, pero ya verás cómo en nada me tienes de vuelta. – Lo sé, pero es que me lo he pasado tan bien estos días que quiero más. En ese momento se acercó a mí y me besó, nos besamos y nos perdimos entre las sábanas.

De camino al aeropuerto hablamos de Mallorca, de vivir juntos, de las ¡tan temidas suegras! Y de Javier… ya decía yo que tardaba en salir el tema.- Bueno preciosa espero que se porte bien estos días que estoy fuera ¿eh?.- ¡Si yo soy muy buena!, dije entre risas.- Ya sabes a lo que me refiero Maca. Paré el coche porque habíamos llegado al aeropuerto y mientras me cogía de las manos me dijo.- Maca, me duele mucho decirte esto pero necesito hacerlo. Espero que igual que no te has visto con Javier fuera del horario laboral mientras yo he estado aquí, no lo hagas ahora. No me gusta prohibir nada pero esto me puede. – Roberto quédate tranquilo, venga no te preocupes.

Una hora más tarde y después de despedirnos entre besos y achuchones me subí al coche y me fui a casa. Mientras conducía e iba absorta en mis pensamientos, en la radio sonó una canción que me encanta de Chayanne ¿y cómo se llama? “Te echo de menos”, ¡qué oportuna!. Me la puse a todo volumen y lloré como una magdalena, mira que nos gusta ser dramáticos a veces. Podía haber cambiado de emisora e incluso apagar la radio pero no, yo tenía que escucharla y pasar mi duelo, no es que se me hubiera muerto nadie pero Roberto se había ido e iba a estar sola durante una semana.

Llegué a mi hogar, dulce hogar echa un trapo, con los ojos y la nariz rojos. A escasos metros de mi portal me encontré con Nadia.- ¡Hola bonita!, me dijo haciendo aspavientos con la mano. Uy que ojos me llevas ¿qué te pasa?.- Nada, que vengo del aeropuerto de dejar a Roberto.- Es verdad que se iba a Mallorca, bueno tú tranquila que estás en buenas manos pequeña, me decía mientras pasaba su brazo por detrás de mis hombros. – Sí lo sé pero me da tanta pena.- Oye esta noche para animarte nos vamos de cena de curro ¿Te apetece?.- No sé Nadia, hoy no tengo muchas ganas de nada.- Esa no es la actitud, a ver ¿Qué tienes que decir?.- Venga, vale me apunto.- ¡Ahí estamos!. – Ahora cuando llegue a la tienda aviso a los chicos. Bueno guapa te dejo que entro ya mismo. Antes de irse me dio un beso de esos que solo dan las abuelas o las madres, de los que suenan bien fuertes.

Entre Nadia y yo había surgido una bonita amistad que se había reforzado durante esta última semana. La marcha de Roberto y los problemas de Javier me estaban volviendo loca y necesitaba a alguien con quien hablar. A Cinthia le iba contando la historia por teléfono y a Nadia en persona. Sus consejos eran geniales pero me los decía de tal forma que me partía de la risa con ella, era difícil decirle que no a cualquier cosa y lo mejor de todo es que era una buena tía. Así que en poco tiempo ya habíamos ido al cine, de cena, a pasear después del trabajo…. En fin solo faltaba que se quedara a dormir en mi casa.

Subí a mi casa un poco más motivada después del beso y los ánimos de Nadia. Allí olía a él, entrara donde entrara. En el fondo lloraba porque tenía miedo de perderlo, era stripper, se iba una semana fuera y ¿quién sabe?, el miedo se iba apoderando de mí por segundos hasta que sonó el timbre. – ¡Hola soy Javier!. – Joder el que faltaba, dije por lo bajini.- Ahora te abro un momento. Me fui corriendo al baño me lavé la cara y cuando ya parecía otra persona le abrí la puerta.- ¡Ni que fuera esto el Palacio Real! Sí que has tardado en abrir ¿Va todo bien?.- Sí, claro. Acabo de venir del aeropuerto de dejar a Roberto y nada iba a comer y a trabajar. ¿Puedo pasar?, el pobre aún estaba en la puerta porque yo no me atrevía a dejarlo pasar. Me sentía incómoda, debería de hacerle caso a Roberto pero Javier estaba allí ¿Qué iba a decirle, que se fuera?.- Sí, claro pasa.- ¿Va todo bien seguro?.- Sí de verdad, tranquilo.

Con Javier las cosas iban un poco al revés que con Roberto. Durante la última semana no nos habíamos visto ni un día fuera del trabajo, por teléfono ya ni hablábamos y me iba enterando de sus cosas por mi hermana. Sí, Javier había encontrado en ella una buena amiga a quien contarle sus penas amorosas. La verdad es que no me gustaba conocer ciertos detalles de boca de Vanessa pero yo había elegido estar más tiempo con Roberto y eso conllevaba alejarme de Javier. Por ella me enteré de que su mujer le había sido infiel con un piloto de aviones y se había quedado embarazada. Además iban a divorciarse pero ella quería una separación amistosa y le había dejado la casa y el coche que habían compartido durante su matrimonio. Javier estaba destrozado pero yo sabía que necesitaba que llegara este momento, vivir en la incertidumbre no era bueno y ahora ya conocía toda la verdad.

Ese día comimos juntos aunque no solos ya que invité también a mí hermana. Quería evitar a toda costa quedarme a solas con él, se lo había prometido a Roberto. La tarde en el trabajo transcurrió con normalidad, nada fuera de lo normal, señoras que se probaban una y otra vez el mismo vestido, colas enormes en los probadores y la cara de desaliñada de Gemma mientras atendía en caja.

Cuando finalizó nuestro turno nos fuimos de cena, Nadia, Javier, Pascual y yo. Cenamos en un italiano que nos había recomendado una clienta y la verdad es que acertó de pleno, nos encantó a los cuatro. Durante la cena Javier empezó a contarnos sus penas alentado por la cotilla de Nadia, el pobre llevaba tal bajón que sin darse cuenta bebió más vino de lo normal y empezó a desvariar un poco.

Yo, incómoda con la situación dije que me tenía que ir porque al día siguiente llevaba a mis sobrinos al cole y madrugaba, una excusa barata para salir al paso.- Te acompaño a casa, me dijo Javier con una borrachera importante.- Javier, no te preocupes tú te vienes conmigo, le dijo Nadia. – ¡No yo quiero irme con Maca! Dijo mientras se tambaleaba. – Déjala Javier, necesita estar sola. Y ahí ya terminó de desmadrarse.- ¡Yo quiero que esté conmigo! ¡Yo te quiero Maca!.¿Había dicho que me quería? Primero me dio un beso, luego me dice que me quiere ¡No, no y no! Esto no me puede estar pasando. Me puse a llorar, me giré y me fui. Mientras caminaba sin mirar atrás oí a Nadia que le decía.- ¿Por qué se lo has tenido que decir ahora? ¿Estás tonto o qué te pasa Javier?. Me hubiera gustado no oír esas dos frases pero las oí.

Besotes

           Maca

 

 

 

 

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Maca, un viaje a Mallorca y mentiras…

Hola bonit@s! ¿Qué tal habéis empezado la semana? Yo con muchas ganas de contaros cosas y tranquilos que aunque parezca que la historia no avanza !va a avanzar en las próximas entradas! ya veréis…. En fin, os dejo con todas las novedades de mi vida y espero que disfrutéis leyéndolas.

Exactamente un día fue lo que tardó Javier en reemplazarme por otra. Lo cierto es que él estaba pasando por una etapa de su vida un poco difícil y necesitaba a alguien al lado en quien apoyarse ¿Pero tan rápido se había olvidado de mí?. A la mañana siguiente, Vanessa vino a casa.- Hola bonita ¿Qué tal estás?. – Bueno…- ¿Qué pasa hermanita?- Roberto que me ha prohibido verme con Javier fuera del trabajo. – Es normal nena, ¿Qué quieres? Tienes a un tío buenorro muriéndose por tus huesos y tú metes en tu cama a otro, dijo mientras engullía galletas de chocolate. – ¿En mi cama?, dirás en el sofá ¡no exageremos Vanesa, no exageremos!, le dije poniéndome nerviosa.

Mi hermana solía hacer sus propias versiones de la realidad ¡le encantaba! Pero yo no estaba para sus tonterías en aquel momento- Tranquila mujer, era un decir. – ¿Y tú qué no te dan de comer los papás en casa?.- Calla, calla es que estas galletas están de vicio y vengo sin desayunar. – Anda que no tienes morro tú ni nada. – De todos modos no me las voy a terminar, he quedado con Javier para almorzar.

Sí, mi hermana y Javier se habían vuelto inseparables ¡así de la noche a la mañana!. – Bueno guapa me voy que hemos quedado en el centro y no quiero llegar tarde, me dijo mientras recogía sus cosas tiradas en mi sofá – Oye Vanessa ¿tú qué tal de lo tuyo?.- Ahí voy, con mi marido no he hablado, quiero dejarlo tranquilo y mientras yo aprovecho, me dijo guiñándome un ojo. Sí, claro se estaba aprovechando de mi amigo.

Nada más salir por la puerta pensé en todo lo que me iba a perder a partir de ahora. Si Javier iba a ser padre o tomaba, definitivamente, la decisión de separarse, me enteraría mucho después que Vanessa y eso a mí me dolía. Mientras me ponía cada vez más triste y rabiosa sonó el móvil. – Hola Javier. – Ei ¡Hola guapa!. – Si quieres saber dónde anda mi hermana te diré que de camino. – ¡Gracias por la información! Pero llamaba para saber cómo estabas y para comentarte si te apetecía venirte conmigo y con Vanessa a dar una vuelta.- Javier es que…- Sí, se me qué me vas a decir que no, pero quería intentarlo. – Te lo agradezco de verdad, pero no puedo. Nos vemos luego en el trabajo ¿Vale?.- ¡Claro que sí!, un beso. – Otro para ti.

Nada más colgar, volvió a sonar el teléfono.- Hola preciosa ¿Qué tal?.- Bien, aquí en casita.- Te estaba llamando pero comunicabas ¿Con quién hablabas?.- Ah con mi hermana, dije poco convencida ¿Por qué me cuesta tanto mentir?.- Vale, ahora dime la verdad.- Me ha llamado Javier. – ¿y qué quería?.- Pues saber cómo estaba…- ¿Y a él qué más le da?.- Roberto, vamos a dejarlo estar por favor ¿Para qué me has llamado?. – Me paso por tú casa y te cuento en persona mejor.

En diez minutos allí estábamos los dos, en mi cama, desnudos y con muchas ganas de sexo, pero el dolor insoportable había vuelto y no pudimos hacer nada ¡dichoso vaginismo! – ¿Tú estás haciendo lo que te dijo la ginecóloga?. –Mmmm ¿cómo te diría yo? No, la verdad es que no. – Ays Maca, Maca, me decía mientras acaricia mi pelo.- tengo que contarte algo, es bueno pero quizá no te guste.- Prueba a decírmelo, le dije picarona – Me voy una semana a Mallorca. – ¿Cómo?.- Me han hecho un contrato de Stripper en una discoteca de allí. – ¿Pero vas a trabajar todos los días?.- Trabajaré el fin de semana y los demás días me quieren de camarero en un bar que pertenece a los mismo dueños ¿no es genial?.- Sí, claro, dije con poco entusiasmo. – Y si les gusto, puede que me contraten por más tiempo Maca ¡nos iremos a Mallorca!.- ¿Cómo que nos iremos?, le dije mientras me sentaba en la cama. – ¡Claro los dos!, no te voy a dejar aquí solita. Oye y ¿Cuándo te vas?.- Este mismo fin de semana.

Ahora además de alejarme de Javier tenía que pensar en irme a Mallorca y claro eso conllevaba vivir bajo el mismo techo con Roberto, con el que las idas y venidas, desde que habíamos vuelto, eran frecuentes. Agobiada por todo le dije si me podía dejar sola un rato, lo necesitaba. – Claro boba, yo te dejo tranquila el tiempo que tú quieras ¿te recojo esta noche y cenamos en tu casa?.- Venga, vale.

Decidí que la mejor opción para relajarme era trabajar así que llegué a la tienda como unas tres horas antes, pero por el camino me encontré con mi hermana. – ¿Dónde vas pequeña diosa?.- ¿Perdona, porqué me llamas así?.- Porque te acuestas con dos tíos que están de toma, pan y moja ¿quizás?.- Vanessa como vuelvas a decir que me acostado con Javier no sé lo que te hago, le dije enfurecida.  – Venga, vale dejo ya la bromita ¿Dónde vas?. – A trabajar.- ¿Tan pronto?.- Sí, necesito despejarme un poco.- Mira igualita que Javi. – ¿Qué pasa con él?.- Pues la verdad no lo sé, estábamos juntos almorzando le ha llamado su mujer y le ha dicho algo de un embarazo, ha puesto cara de ¡dios mío no puede ser! Y me ha dicho que tenía que irse.

Mientras mi hermana iba hablando yo me ponía cada vez más nerviosa ¿Qué le habría pasado?, solo tenía ganas de irme y hablar con él. – Si te vas ya mismo igual lo alcanzas. Eché a correr como si me fuera la vida en ello y sí, lo alcancé. – ¡Maca!, respira mujer. No podía parar de jadear y no era de placer sino de agotamiento. – ¿De dónde vienes tan rápida?.- Mi…mi hermana, dije yo sin poder respirar del todo bien.- Anda, siéntate y me explicas que te va a dar algo.

Nos sentamos en un banquito que había en la acera, a escasos metros de la tienda. – ¡Ya no estamos para estos trotes Maca!, me dijo mientras una sonrisa se dibujaba en su cara.- Anda, no lo arregles.- ¿Estás mejor?. – Sí, creo que sí, dije cogiéndome el pecho.- ¿Javier que ha pasado con tú mujer?.- ¿Cómo te has…?.- Mi hermana, acabo de encontrarme con ella y me ha dicho lo de la llamada. La sonrisa se volvió más triste de lo que nunca la había visto.- Maca, mi mujer está embarazada.- ¡pero eso es genial!.- Sí, lo sería si fuera yo el padre.- ¿Cómo?.- Me lo confesó anoche nada más llegar a casa. La encontré llorando y al preguntarle me dijo toda la verdad, todo lo que no me había contado durante los dos últimos años. – ¿dos años?.- Sí, pero prefiero hablar de esto contigo en otro sitio más tranquilo.- Javier… – Sí, sé que no podemos. – No te iba a decir eso, este fin de semana Roberto se va a Mallorca ¿preparamos un picnic en nuestro escondite y me cuentas?.- ¿De verdad?.- Javier sí, de verdad, le dije mientras le cogía las manos. – ¡Genial entonces!.

Esa tarde los dos estábamos más alegres de lo normal. Aunque él no fuera a ser padre y yo no iba a ver a Roberto en una semana, se respiraba un aire distinto en el ambiente. Además yo estaba especialmente contenta porque Javier no le había contado nada a Vanessa, aunque es mi hermana me hubiera puesto muy celosa.

Besotes

           Maca

 

 

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Maca, el beso y una amistad rota… !Además sin identidad! lo nuevo de Antena 3

Hola bonit@s! ¿Cómo va la semana? Con ganas de que sea viernes ¿eh pillines?, bueno vosotros tranquilos que solo queda un día. Mientras tanto hoy os voy a hablar de una nueva serie que se estrena el próximo martes. Como sabéis me gusta mucho la televisión y ya que “El príncipe” nos ha dicho adiós esta semana ¡menudo final de temporada! ¡Cuánta emoción junta en un solo capítulo!, yo ya me he anotado otra serie que, espero, nos enganche a todos!.

Sin identidad

Megan Montaner es la encargada de darle vida a María Fuentes, una joven con sed de venganza. En el año 2001 María descubre que la familia que la ha visto crecer la robó en el momento de su nacimiento y que dentro de esa familia se encuentra la cúpula de toda una mafia de robo de bebés.
Dispuesta a denunciar la situación, su familia adoptiva no podrá permitirse semejante escándalo ya que son de clase social muy alta y por ello decidirán deshacerse de ella para siempre.

Aunque la daban por muerta, lo cierto es que en la actualidad y después de pasar 13 años en la cárcel de China, María regresa a Madrid con una identidad falsa y dispuesta a vengarse de los que decían ser su familia.

El reparto de la serie me gusta, Verónica Sánchez, Victoria Abril, Tito Valverde, Jordi Rebellón o Daniel Grao son solo algunos de los muchos actores que podremos ver a partir del próximo martes. Os dejo un enlace con todo el reparto y los personajes que interpretan para que los vayáis conociendo.

http://www.antena3.com/series/sin-identidad/personajes/

En fin que ya tengo ¡nueva serie para los martes! Y eso mola, al menos a mí jijiji
Os dejo un trailer para que os vaya entrando el gusanillo de verla.

 

Y ahora llego yo con mis historias que cada vez se me complican más….

Después de pasar la noche dando vueltas a lo sucedido decidí levantarme y prepararme un buen desayuno, necesitaba mucha energía para afrontar el día que me esperaba. Solo eran las diez de la mañana pero me sentía como si fueran las doce de la noche y estuviera muerta del sueño.

Mientras salía de la habitación camino del salón noté como el señor que tenía alojado en mi sofá, es decir Javier, hacía aspavientos con las manos.- ¿Javier qué haces?.- Me atacan los mosquitos.- ¿Cómo?.- Iros de aquí malditos, no podréis conmigo. Después de tan emocionante frase empecé a reírme a carcajadas ¡era tan divertida aquella situación que no podía parar de reír! ¡Hablaba en sueños!.- ¿Qué riéndote de mí? Dijo abriendo los ojos.- Un poco, pero solo un poco, le dije mientras un cojín se estampaba en mi cara. – ¡Javier! Soy muy buena en las guerras de almohadas así que no juegues.- ¿Y si quiero jugar?.- ¿Si? Vas a perder pequeño. Estuvimos como diez minutos tirándonos las almohadas y riéndonos hasta que sonó el timbre.

Mi corazón se aceleró de tal manera, al oír el sonido del timbre, que me tuve que sentar para relajarme. – ¡Roberto!, creo que es Roberto, corre vístete y si pregunta le decimos que has venido a buscar a mi hermana, le dije nerviosa. – Vale, vale.- Métete en el baño. ¡Ay dios! ¿Desde cuándo me pasan a mí estas cosas? Me besa mi amigo, tengo un novio un poco atípico…. ¡buff que agobio tan grande!. Abrí la puerta y… – ¡Sorpresa!.- Vanessa ¿Qué haces aquí?. – He venido a desayunar contigo, te recuerdo que en una hora tengo una cita.- ¿Con Javier?.- ¡Claro!, me encanta ese chico Maca, me decía mientras entraba en mi casa y dejaba sus cosas tiradas en el sofá.- ¿Pero si lo conoces de una tarde, estás loca o qué?.- Ay hermanita déjame soñar un poquito que no estoy en un buen momento. – vale, vale sueña con lo que quieras o con quien quieras, le dije con tono socarrón.

Mientras nos tomábamos unas tostadas con tomate y jamón acompañadas de zumo natural de naranja ¡qué rico! Oímos uno golpes.- ¿Qué es eso Maca?. – Vienen del baño, ¡del baño claro! ¡Javier!.- ¿Javier? ¿Se puede saber cómo ha entrado y ha acabado ahí dentro? ¿Qué pasa qué es mago?.- Javier puedes salir, le dije abriendo la puerta, – es Vanessa la que ha venido. – Hola Javier, dime cómo has hecho ese truco.- Hermanita ha dormido aquí y ahora estaba en el baño porque cuando has llegado pensábamos que era Roberto y si se entera de esto pues… le dije mordiéndome el labio. – ¡Joder! ¿Y dices que yo estoy loca?.- Hola Vanessa ¿Qué tal?, le dijo Javier. – Pues pasándomelo bomba ahora mismo, solo a mi hermana le pueden ocurrir estas cosas, anda que…

Vane y Javier decidieron irse a dar una vuelta y yo aproveché para hacer las tareas de la casa. Después de hacerme la cama, limpiar la cocina, arreglar el salón y cantar una canción de Bon Jovi como si estuviera poseída por el mismo, llamé a Roberto.- Hola precioso ¿se acuerda de mí?.- Vaya que si me acuerdo, tengo ganas de repetir las citas de los primeros días, tengo ganas de meterme en su cama…..- ¡Roberto! Le dije ruborizada.- ¿Qué pasa que no tienes ganas?.- Sí, pero… las dudas empezaron a apoderarse de mí ¡así sin más! ¿Tendría que contarle lo del beso?. ¿Cómo me acuesto con él tan tranquila sin decirle la verdad?. ¿Empezará a odiar a Javier?, mejor me lo guardo para mí, sí es lo mejor así no hay problemas…- Maca ¿estás ahí?.- Sí, sí.- En diez minutos estoy en tu casa.

Sonó el timbre como unas diez veces hasta que me decidí a abrir la puerta.- ¿Estás bien preciosa?.- Anoche Javier me besó, le dije sin dejarlo pasar al salón.- ¿Cómo?, dijo con el ceño fruncido. – Lo que has oído. – Maca si es una broma no me hace ni puta gracia. – No es ninguna broma me besó porque está mal, me besó porque está triste, me besó…- Te besó porque quiso Maca sino no besas a alguien. Por favor si quieres que continuemos juntos tienes que dejar de verlo. Me dijiste que confiara en ti, pero una cosa es confiar y otra muy distinta es que te bese otro tío ¡no lo voy a aguantar!, dijo gritando. – Vale, tienes razón, no te preocupes no volveré a quedar con él.

No volver a quedar con Javier fuera del trabajo fue una de las peores decisiones que podía tomar y la más dura. Éramos amigos, nos apoyábamos, nos entendíamos y de la noche a la mañana un beso lo había estropeado todo ¿por qué me habría besado? ¡Joder! Si no lo hubiera hecho ahora seguiría todo igual. Aunque esa mañana la pasé con Roberto mi cabeza se había esfumado a otros mundos, había decidido que era mejor pensar en cómo le iba a decir a Javier que nuestra amistad ya no iba a ser lo que era. – Mira Roberto, no me encuentro muy bien si no te importa nos vemos esta noche. – ¿esto qué es por él?.- No, no de verdad me duele mucho la cabeza, voy a comer me tomaré algo y a trabajar.- Vale, pero esta noche voy a recogerte y cenamos juntos.- Sí, sí no te preocupes.

Cuando me disponía a salir de casa, camino del trabajo, llamaron al timbre de bajo.- ¿Si?.- Maca, soy Javier te espero y nos vamos a la tienda. – No, tranquilo haz marcha y ahora te alcanzo.- No mujer te espero.- Javier de verdad vete.- ¿Qué pasa Maca?. Mi paciencia estaba a punto de perderse, la rabia por la decisión que había tomado me invadía y lo pagué con él. – ¡Joder Javier vete ya! Le dije gritando. – Vale, tranquila ya me voy. Colgué el telefonillo y me senté en el sofá, las lágrimas caían sobre mis mejillas y cada vez iban a más. Quería a Roberto pero necesitaba a Javier ¿era tan difícil de entender?.

En toda la tarde Javier no se acercó a mí, pero la que sí lo hizo fue Nadia.- ¿Oye nena estás bien?.- No, Nadia, no estoy nada bien. – Ven a los probadores y me cuentas ahora que hay menos gente.- Mi novio me ha prohibido que vea a Javier.- ¿Cómo?. Bueno, en parte lo puedo entender Maca, Javier consigue todo lo que se propone y aunque digáis que sois amigos a mí me huele que él quiere algo más.- No, solo somos amigos de verdad, él lo está pasando mal y yo lo estoy ayudando, nada más. – Mira preciosa, dale tiempo a tu chico, demuéstrale que le quieres y que estás con él y si eso, en un tiempo le vuelves a hablar de Javier. – Sí, eso haré. – Me voy que me llama una señora, seguiremos hablando ¿vale?.- Vale, gracias Nadia.

Cuando Nadia se fue, vi a Javier bajar por las escaleras, intenté esquivarlo pero no pude.- Hola Maca. – Hola, le dije con voz triste.- Sé que no estás bien y no quiero agobiarte pero no puedo estar en la planta de arriba sin saber qué te pasa.- Roberto no quiere que quede contigo fuera del trabajo. – Le has contado lo del beso ¿verdad? Me dijo con voz apesadumbrada. Asentí. – Entonces es normal lo que te pide, si yo veo a mi chica besando a otro haría lo mismo. En ese momento me cogió la cara con las dos manos y mirándome fijamente me dijo. – Maca, tranquila. Nos podemos ver en el trabajo y hablar, vale no va a ser lo mismo pero me sigues teniendo para lo que necesites y sé que tú también estás ahí. Eres un sol y no quiero verte triste, pero también entiendo a tu chico. Me abrazó mientras lloraba, y a mí los abrazos empezaban a asustarme por si terminaban en beso. ¡Dios como olía! Y ¡qué guapo que era! No quería distanciarme de él, pero la separación era ya un hecho y había comenzado aquel mismo día.

  Besotes 

        Maca

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